Por Redacción
Washington, Estados Unidos, 18 de marzo de 2026.- México y Estados Unidos dieron inicio formal a las discusiones para la revisión del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC), en una primera reunión de alto nivel en Washington encabezada por el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, y el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer. Los equipos técnicos de ambos países trabajarán durante los próximos dos días en un proceso que se desarrolla bajo la incertidumbre de la guerra arancelaria del presidente Donald Trump y la presión sobre temas de seguridad.
Tras el encuentro, Ebrard confirmó el inicio de las pláticas a través de redes sociales. “Sostuvimos conversaciones con el embajador Jamieson Greer, titular de USTR y su equipo, para iniciar discusiones respecto a la revisión del T-MEC”, señaló. Agregó que “los equipos técnicos estarán trabajando hoy y mañana a lo largo del día”, aunque no detalló la agenda específica de temas ni mencionó la participación de Canadá en esta primera ronda.
El inicio de la revisión ocurre en un contexto de tensión comercial, marcado por las amenazas arancelarias de la administración Trump, las cuales han sido vinculadas por el mandatario estadounidense a temas de narcotráfico y seguridad. El T-MEC, que entró en vigor en 2020 sustituyendo al anterior TLCAN, engloba cerca del 30% de la economía mundial. Según el tratado, los países signatarios deben decidir este año si extienden el acuerdo por 16 años más, hasta 2042, o inician un proceso de revisión formal que debería concluir en 2036.
La revisión arranca así en medio de lo que algunos medios han calificado como un “proceso incierto”. La ausencia de información sobre la postura oficial de Canadá y la falta de un cronograma público completo añaden complejidad a las negociaciones. El éxito de estos primeros diálogos técnicos será crucial para definir el tono de las futuras rondas y para contener las presiones unilaterales que podrían afectar la estabilidad económica de la región.
El desenlace de este proceso tendrá implicaciones profundas para las cadenas de suministro, la inversión y el empleo en Norteamérica. Los siguientes pasos dependerán de los resultados de las discusiones técnicas en Washington y de la capacidad de los tres países para alinear sus intereses en un escenario político volátil, donde las demandas de seguridad de Estados Unidos podrían entrelazarse con los aspectos puramente comerciales del tratado.