septiembre 10, 2026
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Por Redacción

Potosí, 31 de agosto de 2026.- La primera falsificación de dinero a escala global ocurrió en el virreinato del Perú durante el siglo XVII, específicamente con el real de a ocho acuñado en Potosí, según reconstruye el escritor Juan Claudio Lechín en su novela ‘Catalina de dos mundos’. La villa colonial, ubicada en la ciudad boliviana altiplánica junto al Cerro Rico, era entonces la principal fuente de plata del mundo y llegó a producir 200 toneladas anuales de este metal en su mejor temporada.

Lechín, quien tiene 70 años y es originario de La Paz, tardó más de tres décadas en investigar para rearmar la trama de corrupción que abarcaba desde el portero de la Casa de Moneda en Potosí hasta el corregidor. El germen del libro comenzó con la lectura del cuento decimonónico ‘Los tesoros de Rocha’, de Julio Lucas Jaimes. Al respecto, el autor señaló: “A partir de ahí, comenzó la infección, el virus, a preguntarme si era un hecho real o ficticio”. Para confirmar los datos, acudió a crónicas, sociedades numismáticas y principalmente al historial de los juicios contra los falsificadores que iniciaron en 1648 y están resguardados en el Archivo General de las Indias, en Sevilla.

La investigación reveló que una red conformada por gobernadores, comerciantes, caciques andinos y banqueros europeos adulteraba con otros metales la moneda de plata americana para quedarse con el excedente. Las investigaciones de la Corona confirmaron que las monedas solo contenían el 75% de la plata que legalmente debían tener. Esta situación tuvo graves repercusiones internacionales, pues la confesión del fraude hizo tambalear a la maquinaria bélica de la España de los Habsburgo, la cual debía financiar la guerra en Flandes con las provincias de Países Bajos y necesitaba convencer a los banqueros genoveses de su seguridad monetaria para acceder a préstamos.

Ante la magnitud del escándalo, la monarquía decidió en 1657 retirar parte de las monedas que eran aceptadas en América, Europa y Asia. Las ganancias obtenidas mediante la falsificación eran tan cuantiosas que permitían sobornar a políticos no solo entre las autoridades americanas, sino también españolas. Como se lee en el libro de Lechín: “Lo que pasaban por alto, por interés o ceguera, era que las ganancias de la falsificación eran tan grandes que permitían sobornar a políticos, no solo entre las autoridades americanas, sino también españolas, incluso al interior del propio Consejo de Estado”.

Finalmente, las declaraciones recabadas durante el proceso sirvieron para condenar a pena de muerte a parte de los autores del fraude. Este episodio histórico contrasta con la fama de riqueza de la región, inmortalizada en la frase atribuida a Miguel de Cervantes: “Vale un Potosí”. Sobre su proceso creativo para narrar estos hechos, Lechín comentó: “Necesitaba tener la pluma necesaria para contar la historia”.

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