abril 10, 2026
99ca3b00c3cf41ab9d09ba44aeabd5f4

Ciudad De México, 03 de abril de 2026.- Los pulpos son animales solitarios que solo se encuentran entre sí de forma esporádica para aparearse. Una investigación constató que uno de sus ocho brazos, el que les sirve para reproducirse, tiene la capacidad sensorial de detectar y fecundar a las hembras sin tan siquiera verlas. El hallazgo protagoniza la portada de la revista Science.

El brazo especializado para el apareamiento se llama hectocótilo. Previamente se había descubierto que ese brazo estaba especializado para el apareamiento, pero se desconocía que fuese un órgano sensorial mediante el cual los pulpos reconocen a sus parejas y las fecundan. Nicholas Bellono, integrante del equipo, señaló: “Previamente habíamos descubierto que ese brazo estaba especializado para el apareamiento, pero se desconocía que fuese un órgano sensorial mediante el cual los pulpos reconocen a sus parejas y las fecundan”.

El hectocótilo es siempre el tercer brazo de la derecha. Durante el apareamiento, se desliza hasta el manto de la hembra, localiza el oviducto reproductor y deposita un paquete que contiene esperma denominado ‘espermatóforo’. El estudio muestra que el apareamiento implica que la hembra produce progesterona, la hormona femenina clave en la reproducción, que el macho detecta con unas ventosas ricas en terminaciones nerviosas que tiene en su brazo amatorio.

Los investigadores llevaron a cabo varios experimentos para conocer mejor el sistema sensorial de los cefalópodos. En un experimento, científicos colocaron pulpos machos y hembras, de la especie ‘Octopus bimaculoides’ del Pacífico, a ambos lados de una barrera opaca en un tanque de agua salada. El separador tenía pequeñas aberturas lo suficientemente anchas como para que cupieran los tentáculos. Incluso sin señales visuales, el macho podía alcanzar el otro compartimento, encontrar a la hembra e insertar la punta del hectocótilo en su manto.

Una sola ventosa del pulpo contiene unas 10 mil células sensoriales. La mayoría de los 500 millones de neuronas del pulpo se distribuyen en los tentáculos (no en el cerebro) y estos apéndices pueden funcionar de forma autónoma. Pablo Villar, investigador del grupo, explicó: “Es como una mezcla entre olfato y gusto, tiene que tocar, pero también es químico. Es una mezcla de sentidos. Nosotros no tenemos esa modalidad sensorial, entonces imaginarse qué es lo que se siente gustando con la punta de los dedos, es una cosa extraña”.

Los machos no suelen usar el hectocótilo para explorar o buscar alimento. Lo mantienen cerca del cuerpo, enrollado, y no lo utilizan para explorar el fondo marino sino para aparearse. Pablo Villar detalló: “Nos sorprendió descubrir que el hectocótilo estaba salpicado de sensores iguales a los de los demás tentáculos y que los machos no lo suelen usar para explorar o buscar alimento. Lo mantienen cerca del cuerpo, enrollado, y no lo utilizan para explorar el fondo marino sino para aparearse”.

En otro prueba, hicieron el experimento de poner dos machos y los machos se tocaron, pero de inmediato retiraron su hectocótilo, dejando de estar interesados el uno por el otro. Villar indicó: “Hicimos el experimento de poner dos machos y los machos se tocaron, pero de inmediato retiraron su hectocótilo, dejando de estar interesados el uno por el otro, así que había algo probablemente en la piel”. Además, encontraron que los genes que sintetizan hormonas sexuales estaban elevados comparados con otros tejidos.

El equipo de investigación está compuesto por doce investigadores pertenecientes a universidades de Estados Unidos, Japón y Suecia. El grupo de investigación se hizo con varios pulpos de dos manchas de California (Octopus bimaculoides) capturados en estado salvaje para realizar los estudios.

About The Author

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *